En la línea divisoria de las dos Castillas, entre Segovia, Guadalajara y Soria, se alza una meseta majestuosa, que hace muuuucho tiempo estaba sumergida en los océanos.
Es un lugar de dehesas y pinos, de profundos barrancos, labrados por ríos de frías aguas.
De fríos manantiales que apagan la sed de pequeños pueblos, cargados de arte románico y que luchan por mantener su folclore -en la era de las operaciones triunfo-
Un lugar que invita al paseo en soledad y a mezclarse con sus gentes.
A sentir el plácido vuelo de las rapaces y el bullicio de sus fiestas. A dormir tapándote con un manto de estrellas y despertar con la escarcha de la mañana.
El triángulo formado por Cantalojas, Galve de Sorbe y Campisábalos ha sido mi destino el pasado fin de semana.
Es la Transierra de Guadalajara. Un lugar para conservar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario